El 15 de febrero de 1898, el hundimiento del acorazado norteamericano en La Habana sirvió como catalizador y pretexto perfecto para la intervención militar de Estados Unidos en la guerra cubano-española, redefiniendo el mapa geopolítico de América.

En la tensa calma de la noche habanera del 15 de febrero de 1898, una columna de fuego y metralla iluminó la bahía. El acorazado de segunda clase USS Maine, que llevaba semanas fondeado saltó por los aires. La tragedia no fue solo un desastre naval fue el detonante calculado –o hábilmente aprovechado– para que Estados Unidos entrara en escena y transformara el curso de la Guerra Necesaria (1895-1898) que Cuba ganaba contra España.

Contexto Histórico: Un Barco en Aguas Turbias

Para 1898, el Ejército Libertador Cubano, tras la hazaña de la Invasión a Occidente, tenía militar y moralmente derrotado al colonialismo español. La autonomía concedida por Madrid era un último esfuerzo fallido por retener la isla. Estados Unidos, con crecientes intereses económicos y una doctrina expansionista, observaba el conflicto con ambivalencia: simpatía retórica por los independentistas, pero una clara intención de evitar una Cuba verdaderamente libre y fuerte que escapara a su esfera de influencia. El envío del Maine a La Habana en enero de 1898 fue un gesto de fuerza disfrazado de cortesía, un recordatorio al gobierno español de quien tenía el poder real en el hemisferio.

El Incidente y la Polémica: ¿Accidente o Pretexto Fabricado?

La investigación española, realizada inmediatamente después, sugirió una explosión interna, probablemente por un incendio en los pañoles de carbón que alcanzó los almacenes de pólvora. Sin embargo, una comisión naval estadounidense, en un proceso cuestionado y rápido, concluyó que una mina externa había causado la catástrofe. La “prensa amarilla” de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, sin esperar veredictos, llenó sus portadas con consignas belicistas y acusaciones sin pruebas contra España. El lema “¡Remember the Maine! ¡To hell with Spain!” se repitió hasta convertir una hipótesis en un hecho incuestionable para la opinión pública norteamericana.

Consecuencias: El Pretexto para la Guerra y el Cambio de Metrópoli

El presidente William McKinley, presionado por el clima de furia creado y por los lobbies expansionistas, encontró en el Maine la justificación moral que necesitaba. El 25 de abril de 1898, Estados Unidos declaró la guerra a España. La posterior Guerra hispano-cubano-estadounidense fue breve y asimétrica. Las tropas norteamericanas desembarcaron en Cuba, pero fue el ya victorioso Ejército Mambí quien había desgastado a las fuerzas españolas. El Tratado de París (1898) puso fin al dominio español, pero no reconoció a la República de Cuba en Armas. En su lugar, instauró una ocupación militar estadounidense en la isla y se anexionó Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Legado Histórico

La explosión del Maine trascendió su naturaleza técnica. Se convirtió en un paradigma de la manipulación mediática y el pretexto geopolítico. Marcó el debut de Estados Unidos como potencia imperial en el escenario global y frustró, temporalmente, el sueño de una independencia cubana sin condicionamientos.

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