El 1 de abril de 1895, un grupo de expedicionarios lograron pisar tierra en Baracoa tras una epopeya naval que burló el acoso español. La llegada del Titán de Bronce cambió el curso de la guerra y demostró que la independencia era ya irreversible.

La estrategia concebida por José Martí para la Guerra Necesaria dependía de la incorporación inmediata de los grandes jefes militares que habían sobrevivido a la Guerra de los Diez Años. Tras el fracaso del Plan de la Fernandina, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano redobló esfuerzos para traer a Cuba a los líderes que darían cuerpo y dirección a los alzamientos del 24 de febrero de 1895. La primera en lograrlo fue la expedición de la goleta Honor, que el 1 de abril desembarcó por la desembocadura del río Duaba, en las cercanías de Baracoa, a bordo venían los mayores generales Antonio Maceo, José Maceo y Flor Crombet, junto a otro grupo de combatientes.

Antecedentes: la espera en Costa Rica y el plan abortado

Desde inicios de 1891, Antonio Maceo se había establecido en Costa Rica, donde constituyó una colonia agrícola en Nicoya. Allí se reunieron varios veteranos de la Guerra Grande, entre ellos Flor Crombet, Agustín Cebreco y Enrique Loynaz del Castillo. Martí visitó la colonia en su calidad de Delegado del Partido Revolucionario Cubano y, tras el fracaso de la Fernandina, envió a Francisco J. Agramonte con los fondos recaudados para organizar la expedición. El objetivo era claro: llevar a Maceo y Crombet a Cuba para que asumieran el mando de las fuerzas insurrectas en Oriente.

La expedición: del Adirondack a la Honor

El 25 de marzo de 1895, a las seis de la tarde, el vapor inglés Adirondack zarpó de Puerto Limón con los expedicionarios a bordo. El 27 de marzo arribaron a Kingston, Jamaica. Allí, el capitán Samson, temeroso de que los pasajeros tomados en ese puerto lo denunciaran, incumplió el acuerdo de detener la marcha frente a Cuba para desembarcar a los cubanos. Maceo quiso forzar el desembarco, pero Crombet, que había dado su palabra de honor al capitán, se opuso. Como compensación, Samson les ofreció ayuda en Fortune Island, Bahamas.

El 29 de marzo llegaron a Fortune Island. Allí los expedicionarios consiguieron alquilar una goleta de trece toneladas llamada Honor y contratar a tres marineros, el 30 de marzo zarparon con destino a Inagua, pero una vez en el mar, convencieron a los marineros de llevarlos directamente a Cuba.

El desembarco en Duaba

En la madrugada del 1 de abril, divisaron las luces del faro de Punta de Maisí. El mar estaba embravecido y la visibilidad era escasa. Temiendo la presencia de un crucero español, decidieron dirigirse a la costa más cercana. Al no poder alcanzar la playa con los botes, sacrificaron la goleta, encallándola en la desembocadura del río Duaba. Todos los expedicionarios se lanzaron al agua y lograron llegar a la arena. Horas después, un cañonero español descargaría sus baterías sobre los restos de la Honor.

Primeros combates y odisea en tierra

Ese mismo día, tras internarse en la zona de Duaba, establecieron campamento en Alto del Pino. Una compañía de 75 soldados del Regimiento Simancas intentó sorprenderlos, pero Maceo los recibió con una descarga certera: tres soldados cayeron en la primera andanada y los españoles se retiraron con dos muertos y nueve heridos. “¡Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba Libre!”, gritaron los mambises. La noticia del desembarco y la victoria se extendió rápidamente y provocó que en Baracoa se sublevara Félix Ruenes con unos cincuenta hombres.

La expedición se fragmentó en medio de la persecución española. El 10 de abril, en Alto de Palmarito, un grupo encabezado por Flor Crombet y José Maceo fue sorprendido por tropas enemigas. Crombet cayó en combate con el cráneo destrozado; Joaquín Sánchez y Juan Fustiel también murieron. José Maceo salvó su vida lanzándose por un barranco.

Antonio Maceo, con su grupo, emprendió una marcha agotadora de 186 kilómetros, siempre perseguido, hasta que el 18 de abril logró contactar con un campamento cubano. Su estado físico era tan deteriorado que al principio no fue reconocido. De los expedicionarios que desembarcaron en Duaba, solo nueve sobrevivieron para unirse a las tropas insurrectas, pero entre ellos estaban Antonio y José Maceo.

Legado: la guerra toma su rumbo

El desembarco por Duaba cambió radicalmente el escenario militar en Oriente. La presencia del Titán de Bronce insufló ánimo en los alzamientos dispersos y obligó a las autoridades españolas a enviar refuerzos y al propio Arsenio Martínez Campos a asumir personalmente el mando. Aunque la expedición pagó un alto precio en vidas, su éxito demostró que era posible burlar el bloqueo colonial y que la Guerra Necesaria contaba con el liderazgo militar indispensable para triunfar. Lo que Martí había planeado desde Nueva York, y que la traición frustró en la Fernandina, se concretó aquel 1 de abril de 1895 en la costa baracoense: la Revolución se hacía invencible.

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