oyun oyna El 10 de abril en la historia de Cuba | ARCHIVO NACIONAL DE LA REPÚBLICA DE CUBA

ARCHIVO NACIONAL DE LA REPÚBLICA DE CUBA

"POR LA PRESERVACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA"

El 10 de abril en la historia de Cuba

1Por Yolanda Díaz Martínez

El 10 de abril de 1869 se reunieron en el poblado camagüeyano de Guáimaro representantes de los territorios que se habían alzado en armas contra el yugo colonial español. Reunidos allí buscarían no solo unificar puntos de vista en cuanto a estrategia y forma de operar, a fin de lograr la necesaria unidad, sino también –para algunos historiadores lo más importante-, dotar a la naciente República en Armas de un gobierno central y una constitución que rigiera durante todo el tiempo que se prolongara la guerra.

Con la presencia de delegados de los distintos territorios se desarrollaron las sesiones hasta el día 12, en que fue aprobada la Constitución, después de enaltecidos discursos y arengas que reflejaron la entrega y decisión de aquellos hombres de llevar hasta las últimas consecuencias su decisión de arriesgarlo todo y entregarlo todo por la independencia de Cuba.

Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte, Salvador Cisneros Betancourt, Miguel Gerónimo, Eduardo Machado, entre otros, representaron los puntos de vista de los diferentes territorios, quienes a pesar de los criterios particulares vieron, y reconocieron, en Carlos Manuel a la figura líder de aquel proceso, cuestión que sería reafirmada al elegirlo como Presidente de la República en Armas, una vez aprobada la estructura de gobierno que se implementó.

Precisamente fue la forma de gobierno que debía ser adoptada el punto álgido de los debates suscitados en Guáimaro, enfocados en dos formas fundamentales. La primera de ellas esgrimida por Céspedes, partidario de un mando único donde las funciones civiles y militares fueran asumidas por una misma persona, encontrando entre los orientales su principal apoyo. Ignacio Agramonte, con el respaldo de camagüeyanos y villareños abogaba por la separación del poder civil y militar, con predominio del mando civil.

Fue precisamente esta última la que prevaleció, al colocar en el centro del poder al órgano legislativo o Cámara de Representantes, encabezada por Salvador Cisneros Betancourt con representantes de todos los territorios; las amplias facultades concedidas a ese órgano le permitían, además de las funciones legislativas, las de nombrar y deponer al presidente de la República y al General en Jefe del Ejército Libertador, aun cuando este último estaba subordinado al presidente.

Precisamente en el Presidente recaía el poder ejecutivo; Céspedes se acompañaría en sus funciones de los secretarios de despacho, los cuales, según se decidió en el curso de las discusiones, también serían designados por la Cámara a proposición del presidente.

Aun cuando la estructura y el funcionamiento político previstos por la Constitución, resultaron demasiado complejos para aplicarse con efectividad en medio de la guerra, Guáimaro fue un importante avance si tomamos en cuenta que el movimiento independentista, hasta ese momento constituido por núcleos o grupos separados, emergió de allí agrupado por primera vez en la historia nacional en una república independiente y democrática.

La Asamblea no solo tuvo el gran mérito de inaugurar la tradición democrática dentro de las fuerzas revolucionarias, también se defendió con fuerza y se aprobó la abolición de la esclavitud, se abogó por el derecho de la participación de la mujer en la lucha representada en la figura de Ana Betancourt, en los reunidos primó el patriotismo al subordinar los intereses personales a los de la independencia de Cuba.

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Apenas 23 años después cuando se gestaba la Guerra Necesaria organizada por José Martí, el 10 de abril volvía a ser fecha referente, ese día de 1892 quedaba constituido el Partido Revolucionario Cubano, PRC.

La necesidad de una línea programática que sustentara y dirigiera la futura guerra fue una de las principales observaciones de Jose Martí, quien, partiendo del análisis del proceso emancipador latinoamericano y el propio caso cubano, comprendió lo útil e impostergable que resultaba dar coherencia y unidad a todos los esfuerzos independentistas.

El decisivo paso de unificación de la emigración cubana en Estados Unidos se inició el último trimestre de 1891. De la visita de Marti a Tampa, escenario de un fuerte y crecido número de emigrados simpatizantes con la independencia de Cuba, salió la propuesta de crear una organización capaz de consolidar la integración de la nación forjada a lo largo de siglos. A partir de ese momento se trabajaría en función de crear la agrupación, que tuvo un importante momento el 5 de enero de 1892, fecha en la que Martí expuso las Bases y Estatutos del futuro Partido Revolucionario Cubano.

Los documentos fueron aprobados ante la presencia de 27 personas, integrantes de la directiva de los clubes de emigrados, la dirección de la Convención Cubana de Cayo Hueso, asi como los dueños de tres de las más importantes fábricas de tabaco.         Con esta diversidad representativa, buscaba el Apóstol lograr el consentimiento y compromiso de diversos sectores de la emigración. El articulado de las Bases, nueve en total, recogían y ampliaban el espíritu integrador y unificador a que se aspiraba desde hacia mucho tiempo.

Lograr la independencia de Cuba y auxiliar la de Puerto Rico como objetivo principal, el carácter generoso y breve del conflicto por iniciar, la preparación de la guerra para el decoro y bien de todos los cubanos, no adquirir compromisos con ningún país, entre otros, fueron algunos de los enunciados principales de estas bases que ratificaban el ideal republicano del movimiento de liberación cubano.

La estructura del partido que se proponía constituir era de tipo piramidal y se sustentaba en las asociaciones independientes, cuyos presidentes formaban en cada localidad los Cuerpos de Consejo, lo cual le confería autonomía a las asociaciones y localidades de emigrados.

El proceso de constitución del PRC culminó el 8 de abril de 1892 con la elección de Martí como Delegado y máxima figura del mismo, Benjamín Guerra asumió la función de Tesorero, dos días después fue proclamado oficialmente. La existencia de un partido, por primera vez en la lucha contra el dominio colonial español, significaría un importante paso en el propósito unificador, dando a todos la posibilidad de participación democrática. En Cuba contaría igualmente con una estructura en la cual le correspondería a Juan Gualberto Gómez un relevante papel.

El periódico Patria, con circulación en el extranjero y también de forma clandestina en la Isla, contribuiría a divulgar los objetivos de organización y la inevitabilidad en la guerra. Gracias a los esfuerzos del Partido, se lograrían significativos aportes financieros para el inicio y desarrollo de la guerra.

Al partir Martí hacia Cuba, y con posterioridad a su caída, se suscitarían diferencias de puntos vista en cuanto a la persona que debía reemplazarlo, pues resulta criterio bastante unánime entre la comunidad de historiadores, que Martí nunca dejó por escrito el nombre de un sucesor u sustituto suyo como Delegado.

Los principales candidatos propuestos por la emigración fueron Gonzalo de Quesada y Tomas Estrada Palma, resultando este último el seleccionado, cargo que desempeñó hasta su disolución.

La pérdida de los objetivos una vez muerto José Martí, la falta de una proyección en la labor política, la existencia de una propaganda tendente a presentar la intervención militar como la mejor solución y el retraimiento monetario de algunos contribuyentes, fueron factores que contribuyeron a la disolución del Partido Revolucionario Cubano en diciembre de 1898.

A pesar de que la organización tuvo una vida corta, casi siete años, fue el aporte cubano, y sobre todo martiano, legado a las futuras generaciones para continuar su combate contra el imperialismo en las nuevas condiciones que exigiría una república naciente, convirtiéndose en un arma de lucha de su tiempo y para todos los tiempos.

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